"Sé acerca de esas noches, en las qué, sin ninguna razón, no puedes dormir... cuando estás completamente solo, con nada más que tu cigarrillo encendido"

Ewon Jung - Totally Captivated

Nuestra historia después de... [I]



 Capítulo 01

[KISE RYOUTA I]



Habían pasado semanas, digo semanas porque fue menos de un mes, las prácticas del equipo de Kaijo se intensificaban – escuchar a Hayakawa con tanta efusividad es alentador –  aun así tenía bastante tiempo para  salir, el modelaje y las chicas por supuesto. Uno de aquellos días me puse a pensar, fríamente, en Kasamatsu-senpai… uhmmm… era difícil no saber que estaría haciendo, estudiando para sus exámenes de la universidad o jugando basketball en la cancha cercana a su casa.
-          ¡Ah! Pero qué le pasará al senpai, no responde mis mensajes – suspiré con desgano – fiuu… los exámenes de universidad deben ser difíciles en verdad.
-          Pues sí, debe estar ocupado, ser bueno en matemáticas no le ayudará en todo – me respondió Nakamura.
-          En fin… quizás tengas razón.
Me despedí y fui caminando de vuelta a casa. Lo que faltaba de camino tuve a Kasamatsu-senpai  paseando por mi cabeza, estuve a punto de pasar un semáforo en verde y todo por tenerlo flotando en mis pensamientos, empezaba a hartarme. 

Entré a una librería a ojear en algunas revistas deportivas,  revisando unas páginas mediáticas alcancé a escuchar mi nombre en algunos susurros, chicas sin duda – supe de inmediato. La voz femenina era un suspiro en mi turbulento día, alcé la mirada en dirección a ellas sin el mínimo disimulo pero mi decepción fue rápida al no encontrar algo interesante, definitivamente aquella belleza rubia me había dejado demasiado impactado. Cerré las revistas y me dirigí a la sección de discos, igual que con las chicas mi suerte fue austera, excepto por un CD de un guitarrista extranjero, el nombre de ese artista me sonaba de algo, de qué era… otra vez él.
Debería comprarlo y regalárselo, tenía el disco en mi mano derecha y lo examinaba con cuidado. A Kasamatsu-senpai le gustaba mucho coleccionar discos y hace poco me enteré que tocaba la guitarra, debería comprarlo y regalárselo, seguí repitiendo en mi mente, pero era obvio que el senpai ya debía tener ese disco, era imposible que el capitán pasara por una tienda de discos sin llevarse algo, maldición.
-          Disculpe – un tendero con mandil azul y lentes me interrumpió de pronto – ¿se llevará ese CD?
-          No lo sé aún – le respondí con frialdad – ¿hay algún problema si lo pienso un poco más?
-          No, claro que no, señor – se disculpó con un ademán de manos – pero trate de decidir rápido por favor, lleva media hora viendo ese CD y por alguna razón muchas señoritas han llenado esta zona de la tienda  y…    se acercó más y bajó la voz – y empiezan a dar miedo.
Llegué a mi habitación y me tiré en la cama, al voltear mi cabeza sobre la almohada veía por la ventana la luminosa noche de luna, la luz rebotaba en la bolsa que había traído, con un disco dentro. Las mujeres en la tarde habían sido un problema y hacía mucho tiempo que las mujeres no habían sido un problema para mí pero hoy fueron molestas, tuve que salir rápidamente de la tienda y tuve que comprar el disco para no quedar mal, en el fondo sabía que compraba el disco para regalárselo – ¿qué diablos te pasa Ryouta?.
Llevé involuntariamente mi mano al bolsillo del pantalón, saqué el móvil y comencé a revisar los mensajes de line,  terminé de responder los pendientes y me dirigí al chat de “Kasamatsu-senpai”. El último mensaje lo había enviado yo he iba acompañado de un sticker de conejito festejando, él ni siquiera lo había leído; no sabía si debía escribirle de nuevo, me quedé pegado con la pantalla por un rato y me puse a jugar cambiando los nombres de contacto: “Kasamatsu Yukio”, “Kasamatsu Captain”, “Yukio-sempai”, “Yukiocchi”, y de la nada comenzaba a reír, fue cuando escuché mis propias carcajadas que me sentí como un imbécil. Al final, dejé el nombre como estaba al principio.
Luego de tomar una ducha y cenar, subí a mi habitación con grandes ganas de que ese día acabara. Cerré la persiana y apagué la lámpara, recostado bajo el cubrecama todo parecía volver a la paz. Dos horas más tarde seguía sin poder dormir, mis maldiciones a más de mil corderitos no habían terminado, me senté y cogí el celular, mandé el mensaje y boté el móvil por el piso, luego por fin pude dormir.
Al día siguiente me levanté temprano, antes del despertador, fui a la cocina por unas tostadas y me puse el uniforme, alisté el maletín con los implementos para el entrenamiento matutino y cuando estuve a punto de salir definitivamente, levanté el móvil de la alfombra. Lo primero que había cruzado por mi cabeza aquella mañana se centraba en aquel mensaje, estuve a punto de verlo a penas me desperté, pero con la somnolencia encima no podría asimilar bien la respuesta de él, si es que había una respuesta, así que decidí dejarlo para el final. Cuando revisé el chat, mi piyomaru seguía como no leído por la tanto mi mensaje de “Podemos salir más tarde senpai!” seguía en el limbo.


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